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Estudio español revela que los solteros sufren más por la pandemia

Actualizado: 13 abr

1 de Mayo

Cochabamba Bolivia


Mujeres, solteros, adolescentes y jóvenes son las personas que viven peor el confinamiento según reporta Diaridigital en 2020.

No todas las personas viven la situación de pandemia de la misma manera. La experiencia del confinamiento ha revelado una diversidad de reacciones y adaptaciones que dependen de múltiples factores. En muchos casos, las consecuencias psicológicas del encierro han sido profundas y duraderas. Conocer y entender cuáles son las variables sociodemográficas y psicológicas personales que se relacionan con una mejor o peor adaptación a la experiencia de estar encerrados en casa es fundamental. Esta comprensión debe permitir el diseño de acciones preventivas y de apoyo dirigidas a la población más vulnerable, incluyendo a los estudiantes de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) así como a universitarios de todo Bolivia. La identificación de estos grupos es esencial para implementar estrategias que mejoren su bienestar emocional y mental durante tiempos de crisis.

Aquellos que vivieron el confinamiento como una experiencia desagradable son mayoritariamente las mujeres, los adolescentes y jóvenes, así como aquellos que vivían solos. Además, las personas que experimentaron un temor significativo a perder su trabajo enfrentaron el confinamiento de una manera particularmente difícil. Este grupo se sintió más ansioso y estresado, lo que sugiere que la incertidumbre relacionada con el empleo no solo afecta la salud económica, sino también la salud mental. De hecho, las personas que temen perder su trabajo viven el confinamiento de una manera más negativa que aquellos que ya han perdido su empleo, lo que indica que la ansiedad por el futuro puede ser un obstáculo considerable para la adaptación a las restricciones impuestas por el confinamiento.

Por otro lado, las personas de mayor edad mostraron una capacidad de adaptación más efectiva en comparación con los más jóvenes. Sin embargo, este grupo demográfico también experimentó el confinamiento con un nivel más alto de preocupación y ansiedad, lo que refleja que, aunque puedan adaptarse mejor a las circunstancias, la carga emocional del encierro sigue siendo significativa. Es interesante notar que la percepción del confinamiento varía no solo en función de la edad, sino también de las relaciones interpersonales y el entorno en el que se vive.

El confinamiento fue una experiencia menos negativa para las personas que conviven con una pareja y no tienen hijos, en comparación con aquellos que viven solos o que tienen una relación romántica pero no se confinaron juntos. La compañía y el apoyo emocional que brinda una pareja puede ser un factor protector contra los efectos adversos del aislamiento. Las interacciones sociales, aunque limitadas, pueden ofrecer un sentido de conexión y apoyo que es crucial en momentos de crisis. En contraste, aquellos que se encuentran solos o que no tienen la oportunidad de compartir el confinamiento con un ser querido suelen experimentar un mayor sentimiento de soledad y desamparo, lo que puede agravar los efectos negativos del encierro.





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